20/04/2010
 |
0 |
 |
comentarios
Con el tiempo podremos evaluar el impacto del proceso de Escenium 2010. Aún es pronto.
De momento podemos valorar la participación, la organización, los contenidos, los ponentes, el formato de las sesiones, etc. En la encuesta realizada y en los comentarios personales hay una valoración elevada del proceso colectivo para tener una mirada calidoscópica a los públicos escénicos y definir un marco de actuación.
No faltan voces críticas. Un experto cultural señalaba en su blog personal que los organizadores de Escenium habían tenido miedo de entrar en debate, que “las largas mesas en lo alto de un enorme escenario tipo “politburó soviético”…(es) una disposición que no sirve más que para proteger a los ponentes del público… al no permitirse (su) participación directa … en las sesiones… (¿Tal vez) miedo a los artistas? … la voz de los artistas también estuvo enmudecida, ya que no creo recordar que se hubiera invitado a hablar a ninguno. A mi entender los artistas son el 50% del problema y hay que contar con ellos para resolverlo. Tres miedos que me hacen pensar sobre sí hay verdad detrás de “Escenium”, si hay verdad detrás de los organizadores, o es simplemente una máscara (eso sí, teatral) para perpetuar un modelo de artes escénicas, de gestión cultural y de unos teatros del pasado a los cuales no quieren, ni por asomo, modernizar”. Curiosamente el experto recupera la serenidad cuando dice: “Fue todo un éxito, y personalmente una gran alegría, llegar a reunir 600 profesionales de las artes escénicas para hablar de los temas que nos afectan”. Cualquier profesional entendería, con este dato, el formato de debate propuesto.
Hay otro impacto también: las miles de consultas efectuadas a la web de Escenium, los casi dos mil amigos conseguidos en Facebock, los 14 videos producidos y visibles en Youtube con más de 1.100 reproducciones realizadas, la gran enorme cantidad de referencias de prensa recogidas en el clipping, las referencias que todos hemos hecho a contenidos de Escenium en nuestro lugar de trabajo, la cantidad de bolos que le han salido a Joan Morros para contar el milagro del Kursaal de Manresa, etc.
En breve publicaremos el documento final como recopilación de las reflexiones, propuestas y conclusiones que hemos elaborado colectivamente durante los meses que Escenium 2010 ha estado vivo. Pero lo que nos permitirá evaluar de verdad su impacto serán las acciones promovidas por todos los agentes del sector durante los próximos años en relación a los públicos. Entonces sabremos si hay un antes y un después de Escenium 2010.
Gracias a todos por participar.
Jaume Colomer, comisario de Escenium 2010
18/02/2010
 |
1 |
 |
Estamos asistiendo a una evolución de internet absolutamente brutal. Aún no estamos recuperados de la compra de entradas por internet y nos asalta la impresión de entradas en casa, la entrada en el móvil, las redes sociales, el marketing on line, el marketing callejero….
Se ha hablado en Escenium de la importancia de los canales on line en el sector como canales de venta y comunicación (en nuestro caso hemos alcanzado el 42% de la venta total de teatro a través de canales de venta remota) y de cómo los sistemas de venta de entradas son necesarios para los teatros.
Atrás quedaron los tiempos en los que los sistemas de venta ponían a la venta un espectáculo y ya. Ahora interesan porque facilitan el acceso del público al teatro y porque pueden contar el hábito de consumo de teatro por el público de un teatro o del teatro.
Hemos visto en este encuentro, que el sector ya percibe la presencia de los sistemas de venta de entradas y más, de los especializados en la venta on line. Ya no somos aquel proveedor informático, sino una fuente importantísima de INFORMACIÓN del público de cada teatro.
Las empresas de venta de entradas o ticketing como nosotros, las grandes olvidadas en el estudio comparativo de ticketing a cargo de Judit Segura, nos dedicamos únicamente a vender entradas, muchas. Hasta 50 millones de entradas al año. Es cierto que no vendemos entradas y otras cosas: escapadas a Africa por 50€, electrodomésticos, zapatos, depósitos financieros o libros, lo que nos permite especializarnos. Sin embargo hemos estado ausentes concretamente en Escenium y en general invisibles al ojo del sector hasta este congreso.
Aunque estamos directamente relacionados con las compañías, la venta de espectáculos, los recintos, sus empresarios, productores o programadores, hemos tenido un papel muy irrelevante en el sector por nuestra propia “forma” o definición.
No pertenecemos a ninguno de los grupos anteriores, por tanto, no formamos parte de ninguna agrupación. No tenemos oportunidad de hablar al sector.
Actualmente no hay foro para los sistemas de venta, salvo el que nos da cada uno de nuestros teatros por separado. Tampoco tenemos presencia en encuentros como Mercartes o Escenium. Simplemente no estamos; y como no estamos no podemos hablar de lo que sabemos hacer: vender entradas y aportar una visión del sector.
Queremos compartir con el sector las ganas de crecer, las ganas de que los espectáculos revienten los teatros, las ganas de que el público sienta el teatro y sobre todo ganas de compartir lo poquito que sabemos de teatro con
vosotros.
Creemos que la venta de entradas debería empezar a tener un papel no técnico ni informático, sino como aliado de las Artes Escénicas y Mercartes puede ser un buen inicio para dar respuesta a los sistemas de venta y a su posible aportación a los teatros y audiencias.
Estibaliz Latxaga
Responsable Artes Escénicas
Entradas.com
08/01/2010
 |
8 |
 |
En el Taller Escenium del 3 de diciembre en Madrid, cuando se debatía sobre la utilidad de los estudios de públicos generalistas para definir el perfil del consumidor cultural mayoritario, se constató que en todos los países desarrollados el perfil era el mismo: mujer, de 35 años, con estudios superiores…
Esto nos llevó a tres conclusiones:
PRIMERA. Que si en todas partes el perfil resultante es el mismo, es obvio que no hace falta hacer más estudios generalistas sobre consumo cultural. De esta forma podemos ahorrarnos una parte del presupuesto de estudios para destinarlo a otras necesidades, o bien debemos focalizar la investigación a cuestiones concretas que estén vinculadas a decisiones estratégicas u operativas específicas que debamos tomar.
SEGUNDA. Que la feminización del consumo cultural es evidente, no sólo porque la mayoría de consumidores son mujeres sino también porque una parte de los hombres son meros acompañantes de sus parejas. Podemos estimar que unos dos tercios de las iniciativas de consumo cultural son de mujeres. Por este motivo, algunos participantes a los talleres llamaban “Señora María” al espectador tipo con el propósito de darle alguna identidad.
TERCERA. La conclusión más lúdica a la que se llegó es que “la señora María” (esta mujer de 35 años con estudios superiores) está en todas partes, que es una consumidora compulsiva que no se pierde ningún espectáculo y que pervierte las estadísticas. Y lo más importante: que hay claros indicios de que oculta su edad real porque desde hace diez años las estadísticas nos dicen que tiene 35. Algunos programadores han observado un predominio de canas en sus públicos femeninos que les induce a pensar que la edad media real se aproxima a los 50 años, con lo que se confirmaría la sospecha de la ocultación de edad.
La pregunta final es la siguiente: nos parece bien que algunos productores decidan orientar sus inversiones mayoritariamente en productos destinados a la Señora María?
03/12/2009
 |
2 |
 |
He tenido el honor de participar en un “taller” organizado por Escenium que, en teoría, servía para aportar algunas cuestiones al debate que tendrá lugar en febrero en Bilbao con una invocación recurrente: “Crear Públicos”. Una sesión doble, cortada por el almuerzo, que propició durante sus dos primeras horas un ambiente de confesión, es decir de hablar sin prejuicios, de asuntos reales, de problemas existentes que de encontrarse alguna solución podrían servir para potenciar eso que en el lenguaje planteado por los organizadores denominaban “demanda”.
No es mi intención contarles lo que allí se habló, porque se supone que se reflejará en algunos documentos que el “relator” elaborará y que el propio “comisario” hizo un resumen antes de acabar la sesión, aunque quede siempre la duda de si el documento allí improvisado por una persona que llegó tarde (despreciativamente tarde) y que venía con las resoluciones ya hechas y las quiso colocar sin atender a casi nada de lo expresado por los supuestos talleristas que, por arte del “dafo”, se convertían en simples monaguillos de una misa cuya liturgia era secreta y que se supone eran los mandamientos de un ser superior que era el que firmaba el cheque.
Algunos, claro está, protestamos, y por ello se nos calificó de imbéciles, cosa que no estoy dispuesto a renunciar, ante la sabiduría neoliberal inspirada en el dios mercado, es decir la que evidentemente ha fracasado y nos ha costado a todos una crisis, la imbecilidad fundamentalista de lo cultural como bien superior a la economía. El teatro como patrimonio cultural y no como mercancía, y en vez de clientes, de públicos abstractos, espectadores, ciudadanos comprometidos.
El lenguaje como arma de coacción. Utilizan palabras esdrújulas, anglicismos, conceptos de la mercadotecnia, la publicidad, los estudios de mercado cuanto más lejanos mejor aunque sea imposible compararse a nada con lo que sucede aquí, y que no tenga que ver si es posible con las Artes Escénicas y sí con eso que llaman empresas culturales y que son simplemente factorías de mercaderías de ocio y entretenimiento y los aplican sin ninguna corrección específica a la realidad cultural sobre la que se debe operar.
Y es en ese punto donde discrepo. Y discrepo de principio a fin. Y ahora que la crisis ha llegado también al modelo de programación de mercado, ahora es cuando se debe radicalizar la postura y decirles que son esos modelos, precisamente, los que no tienen futuro. Y en lo referente a su promoción, el teatro debe utilizar justo lo contrario porque jamás, jamás, es un consumo de masas; porque es algo para inmensas minorías, y porque no existe ninguna acción de mercadotecnia clásica que se pueda aplicar a una “mercancía” que a lo sumo se puede consumir de mil en mil consumidores, pensando que exista un teatro de esta capacidad.
En el escenario, en el altar, deben existir obras de arte y en la sala, espectadores, ciudadanos que vayan a una comunión con la historia de la humanidad, a un acto no de consumo, sino de iniciación y de participación, un lugar para descubrir la esencia del ser humano, fundirse con la palabra, el gesto, la plástica y salir de ese acto cambiado, convulsionado, por estar de acuerdo o en desacuerdo, pero por haber sido protagonista imprescindible del hecho teatral, de esos momentos irrepetibles, no empaquetados, ni reproducidos ni reproducibles en cadena.
El teatro se ve, se siente, se oye, de uno en uno, no en masa. Formamos en las salas de teatro una comunidad que es un ejemplo de democracia, de ciudadanía en comunión, un acto cultural trascendente, En ese momento somos espectadores, no públicos cuantificables, ni estabulados. Por eso reclamo la expulsión de los mercaderes de nuestros templos, Especialmente si son templos pagados por los impuestos de todos. Y proclamo la necesidad de crear espectadores formados, sensibilizados, capaces de exigir a la escena mejores obras, más riesgos, que sean quienes intervengan en el proceso de producción, porque algo está más que claro, se habla mucho de los públicos, pero no se cuenta con ellos para nada. Es una postura muy cómoda. ¿Dónde están las asociaciones de espectadores?
Los públicos de aluvión, las masas, tienen docena y media de cadenas de televisión para entretenerles y vienen a los teatros para dar porcentaje de ocupación. Lo ideal es que cuando vayan a los teatros se encuentre con algo importante, eso que no encuentran en otro lugar ni soporte. Esta es nuestra fortaleza, la mayor de todas, y el reto es mantener esta singularidad por encima de las tramposas elucubraciones de estrategias de diseño para grandes consumos que son una amenaza ideológica y oportunista y un fracaso palpable. Esta mercadotecnia será una imbecilidad, pero es la única que funciona en todos los lugares donde no se confunde el teatro público, con el mercado de la Boquería de los subproductos televisivos. No sé si me explico. Seguiré machacando este clavo, como buen imbécil que soy.
Escrito por Carlos Gil Zamora y publicado en Artez, Revista de las Artes Escénicas www.artezblai.com
Lunes, 30 de Noviembre de 2009
02/10/2009
 |
18 |
 |
Según los expertos, la crisis económica seguirá afectando negativamente a la mayoría de ámbitos de consumo en España durante el año 2010. Las estadísticas difundidas nos indican que las artes escénicas son un sector de actividad que hasta el momento no ha sufrido ninguna reducción de consumo.
Si se mantienen las cifras de espectadores durante los próximos meses podremos considerar que en el periodo 1980-2008 no sólo hemos desarrollado públicos reactivos sino que hemos sido capaces de formar y consolidar ciertos hábitos de consumo en artes escénicas que nos permiten mirar al futuro con optimismo.
Los públicos se han convertido ya en el epicentro del sistema escénico, de la misma manera que hace tres décadas lo fueron la creación y la producción. Hay tres razones que avalan esta afirmación:
• Los públicos son constitutivos del hecho escénico.
• Los públicos son la principal razón que justifica la destinación de fondos públicos al desarrollo del sector.
• Los públicos son el principal factor de sostenibilidad de las artes escénicas como sector productivo.
Aunque hay que revisar las políticas de precios nacidas bajo el paradigma del estado del bienestar, la necesidad de conseguir una mayor financiación privada no pasa básicamente por el incremento de precios sino por la captación de nuevos públicos y por el mecenazgo. Un alza compulsiva de precios sería, en estos momentos, un error irreparable. Trasladar la responsabilidad social de sortear la crisis a los abnegados públicos haría perder su complicidad y destruiría el trabajo hecho en tres décadas. En este largo periodo de crisis hay que ofrecer a los públicos fórmulas más económicas con el objetivo de ayudarles a mantener el mismo nivel de consumo, apostando por abonos “low cost” y otras buenas prácticas de gestión de públicos que permitan compensar la probable reducción de la oferta con el incremento del índice de ocupación.
No hay duda de que para incrementar el consumo hay que crear demanda, y para aumentar el interés por las artes escénicas siempre se ha dicho que hay que trabajar a dos niveles: a medio plazo a partir de estrategias educativas que incluyan las artes escénicas en el sistema personal de valores, y a corto plazo a través de los medios de comunicación para crear valor de contexto.
Estos nuevos retos son responsabilidad de todos (creadores, productores, programadores, responsables de políticas escénicas…). Pero quién tiene la responsabilidad de liderar estos procesos?
Jaume Colomer